La caida de carteles con referencia a próceres con instrucción en la cultura europea -más allá de lo progresista que puedan ser aquellos próceres- (véase el costado inferior derecho de la fotografía) presagian la venida de nombres que recuerden lo que permanece inmanente en estas tierras: Tupac Amaru, Juan Cachaquí, Arbolito... y a las doñas que día a día fecundan la tierra y transforman la materia en sutiles aromas y sabores que revolucionan los sentidos. ¡Viva la tortilla de maiz!
El 28/12 rumbeamos para La Quiaca. El viaje lo mirábamos desde la gran ventana trasera del bus, los caminos serpenteaban hacia el Sur y se escondían entre los coloridos cerros. Al cerrar los ojos esa dinámica de paisajes cambiantes me quedaba como un protector de pantalla mental.
Al rato surgió la idea de retratarnos mutuamente. Aneley resultó ser una artista con un estilo muy realista; pintó el perfil de Elangeni como un retrato colonial. Lxs demás fuimos variando el estilo hacia la abstracción y también hacia el surrealismo y el grotesco... Ya aparecerán en exposición.
Llegamos a las 15:30 hs. Una caminata hasta migraciones en la frontera y horas de cola para pasar al Estado Plurinacional de Bolivia.
En la cola se largó una pequeña lluvia. Gracias a los poderes mágicos de Elangeni, quien sacó de su mochila un nylon de 2 mts x 3 mts, apareció una pequeña tienda que albergó a argentinos y bolivianos de las molestias del agua y el frío. (Ese fue el principio de los varios milagros del nylon de Elan).En ese trajín de espera, colas y trámites, conocimos a Sheila, de Chacarita, con la que compartimos la cena y el hostal por esa noche.
Por fin, Bolivia. Pasamos a Villazón a las 20 hs. locales (1 menos que Argentina).
Comisión para buscar hospedaje; conseguimos por 10 soles 2 habitaciones. La ducha se cobra aparte, 2 soles.
Fuimos a comer a Croko, especialidad en pollo frito y papas fritas. Al entrar se me empañaron los lentes y el aire se respiraba como un caldo de gallina tibio.
A la mitad de la comida estábamos todxs coloradxs, jugando con los pollitos felices que adornaban la mesa.
Nos fuimos al hostal llenos de energías, colesterol y grasas trans, y las canalizamos con las más divertidas paranoias, juegos, charlas y creaciones artísticas.
En la habitación había agujeros misteriosos y las ventanas habían sido cerradas con ladrillos para poner la abertura en el techo. Obviamente, apareció Poe con su Corazón delator y su Gato negro. ¡Ay, mamita querida!
Sheila nos despertó a la mañana para despedirse; seguía su viaje a Cusco.