Al otro día en La Paz, 31/12/11. A recorrer esas calles llenas de colores que subían y bajaban. Rebotábamos, en zig zag, entrando de negocio en negocio.
En el contacto con lxs trabajadorxs aparecía la pesada carga del trabajo. En su mayoría trabajadoras con sus hijxs (Matías llora por su mamá mientras ella dice los precios...) o dormidas en los puestos esperando que alguien las despierte en una realidad más alentadora...
Nos ayudaron unos agentes de tránsito a conseguir las combis que nos llevaban a ese lugar donde las almas pueden disfrutar del mercado que tienen al lado del nicho. A las combis hay que lanzarse como un doble de acción, es un acto adrenalínico y lo continúa siendo todo el trayecto; La Paz es una ciudad en un estado milagroso constante porque tendría que haber 1.000.000 de choques por segundo, y sólo presencié una puteada: "indio de mierda", de descendiente de originario a descendiente de originario.
2do milagro de Elangeni. En el Cementerio se larga a llover y el nylon de Elan nos invita a improvisar un toldo que nos cobija y nos junta. En esa misma esquina, nos hicimos unos sandwiches; algunxs visitamos y comimos también en el mercado. Lo teníamos todo, y vivimos felices para siempre en esa esquina... hasta que llegó el bus a Copacabana.
(Éramos tan felices en esa esquina... Por qué tuvo que llegar ese bus... Por qué...)
(Todo por cruzar el Titicaca en bote, bajo las estrellas, para luego llegar a un hostel muy económico y confortable, comer un menú de pescado muy rico y barato, ver llover granizo y